Condor Andino





















El cóndor andino es la ave voladora más grande del mundo, majestuoso símbolo de los Andes y considerado el espíritu del mismo, con sus enormes alas vuela como un sereno guardián en el cielo, por encima de los altos picos montañosos. Los pueblos andinos no dudaron en asignarle importancia religiosa, representarlo en sus cerámicas o pinturas rupestres y convertirlo en expresión y representación de la civilización prehispánica más importante del continente: la civilización andina.

Se le atribuye una gran longevidad y, en algunos casos, hay quienes llegan a sostener que el cóndor andino nunca muere, ya que al sentirse viejo y enfermo volvería a su nido a renacer. El cóndor andino es un animal emblemático, un eslabón simbólico con nuestro pasado cultural.

El cóndor es un animal exclusivamente carroñero, esto quiere decir que no mata ni caza para comer, sino que se alimenta de cadáveres de animales o carroña.


En el imperio incaico fue considerado una divinidad muy especial que unía el hanan pacha con el kay pacha. Alrededor del condor existen varias historias y leyendas; por ejemplo, cuenta la tradición que cayó en el patio del Aqllawasi cusqueño o Casa de las Vírgenes del Sol un cóndor muerto, hecho que se interpretó como el anuncio de la destrucción del Tawantinsuyo.


Hoy, el cóndor no es más un dios importante entre los andinos pero aún mantiene algunas de sus características superiores o divinas, participando en algunos pueblos remotos en fiestas en su honor como la celebración del Yawar Fiesta que significa fiesta de sangre.


El cóndor pasa es una canción tradicional en su honor, siendo una zarzuela peruana cuya música fue realizada por el compositor peruano Daniel Alomía Robles en 1913, registrada legalmente en 1933 y la letra obra de Julio de La Paz. En el Perú fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en el año 2004.


Al final de su larga vida el cóndor se siente cansado y un tanto débil de fuerzas, cree que su vida ya no tiene sentido por lo que opta por el final preferido por su raza y practicado por milenios, decide su suicidio para lo cual remonta vuelo y trata de alcanzar una altura bastante grande para luego descender en picada a una velocidad extraordinaria y finalmente estrellarse contra la faz rocosa de una montaña, dando así fin a una centuria de reinado en los cielos andinos.

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