Comunidad Nativa Ashaninka


Los asháninka constituyen el pueblo indígena amazónico demográficamente más numeroso del Perú y sobre el que se tiene mayor información etnográfica. La lengua de este pueblo es parte de la familia lingüística arawak.

Los asháninka han sido ampliamente conocidos con el término campa, denominación que muchos de ellos han rechazado por asociarla a connotaciones peyorativas. En su lugar, prefieren denominarse asháninka, que puede traducirse como ‘gente’, ‘paisano’ o ‘familiar’. Cabe mencionar que la palabra asháninka tiene un sentido inclusivo y puede entenderse como ‘nosotros los paisanos’, o ‘nuestra familia’.


Este pueblo se asienta principalmente en el área que se extiende entre las laderas orientales de la Cordillera de los Andes y el alto Yurúa, que abarca zonas de los pisos ecológicos de selva alta y de selva baja de las regiones de Junín, Ucayali, Pasco, Cusco, Huánuco y Ayacucho, siendo en consecuencia uno de los pueblos amazónicos con una mayor distribución geográfica en el país. Los ríos y vertientes que ocupa este pueblo son el río Pichis, el río Perené, el río Ene,  el río Tambo y el Alto Ucayali. Durante las últimas tres décadas los asháninka han formado comunidades nativas en zonas no tradicionalmente ocupadas como lo son la cuenca del río Yurúa y la cuenca del río Urubamba en el departamento de Ucayali.

Los asháninka, además, constituyen el pueblo indígena con el mayor número de comunidades nativas identificadas; adicionalmente, existen familias asháninka en situación de aislamiento y contacto esporádico dentro del Parque Nacional Otishi y dentro de la Reserva Comunal Ashaninka, ubicadas entre los departamentos de Junín y Cusco.

Por su gran extensión geográfica, es posible encontrar dentro del pueblo asháninka grupos con particularidades culturales. Weiss refiere a una clasificación de los asháninka según criterios ecológicos: los ribereños que viven cerca de los grandes ríos de la cuenca amazónica, y  los asháninka de altura, llamados por los ribereños Kanoja Sati (altureños) cuyo estilo de vida maneja los territorios accidentados y montañosos de altura. Asimismo, en base a criterios culturales, geográficos y lingüísticos, podemos definir los siguientes  grupos: los asháninka de los valles del río Pichis y Perené, los asháninka de los valles de los ríos Apurímac-Tambo Ene, y los asháninka del Gran Pajonal.


Según la creencia ancestral asháninka, los chamanes o sheripiari son los que ‘conversan’ con los espíritus, ya que tienen la capacidad para acceder a las formas de vivir de los seres que habitan en la naturaleza; en los bosques, las montañas, las lagunas, las quebradas, los ríos; asimismo son quienes tienen el poder para curar las enfermedades, los daños por brujerías y los desórdenes en la relación con la naturaleza. Para ello, los sheripiari realizan dietas especiales e ingieren plantas que ellos mismos cultivan, como el tabaco y la ayahuasca.

Los sheripiari se preparan también para comunicarse con Tsomiri, el espíritu que, según la creencia asháninka, domina a todos los seres vivientes del agua. Dado que los animales tienen un ‘dueño’, se debe ofrecer regalos para que estos ‘suelten a sus animales’.


La caza, denominada kobintaantsi en asháninka, involucra aspectos que van más allá del hecho de cazar animales para alimentarse. Entre ellas están: la de no cazar excesivamente a una misma presa, no hacer sufrir inútilmente a la presa o la prohibición para los cazadores principiantes de alimentarse de sus primeras presas; ya que esto influiría negativamente en su desempeño como cazadores. Así también, es costumbre que los cazadores se purguen mediante el uso de plantas que los ayudarán a fortalecer sus habilidades de caza.

Otra creencia ancestral de este pueblo es el vínculo que establecen las personas, a través de la cacería, con los espíritus tutelares de los animales. Como en la división de las actividades productivas, ha existido también una división según género del mundo de la naturaleza. Así, los seres femeninos son el conjunto de árboles y plantas, mientras los animales terrestres, aves y peces son considerados seres masculinos.

Las mujeres asháninka han tenido como práctica ancestral la elaboración de cerámica y otras artesanías, tales como cestos y esteras. Un artículo importante es el cesto de la mujer, que tradicionalmente lleva colgado de la frente mediante una cinta de corteza. Por otro lado, el autor ha resaltado el hilado y el tejido como actividades principalmente femeninas, que se han traducido en la tradicional confección de la cushma, indumentaria típica de los asháninka, hecha de tela de corteza o de algodón. Como otros objetos, las cushmas se decoran con diseños geométricos.


El pueblo asháninka fue duramente golpeado durante el conflicto armado interno. La ocupación de los grupos armados en la selva central, significó la desaparición y desplazamiento de miles de asháninka durante las décadas de 1980 y 1990.